¡Buen provecho!

Rovellet de l´Ou

Recetas de cocina.AC Bluebooks

Uno de los platos más humildes y antiguos de la cocina universal es la sopa de lentejas. Existen multitud de recetas, variaciones típicas de cada zona, con el denominador común de esta extraordinaria legumbre. Nuestra sopa de lentejas favorita procede de las cálidas tierras egipcias, la que fuera comida preferida por los Faraones ha llegado hasta nuestros días perviviendo en la tradición culinaria durante siete mil años. La actualización de este clásico, añade a los cinco elementos básicos: zanahoria, cebolla, apio, ajo y lentejas, proteínas procedentes del mar y el inconfundible sabor del queso de cabra. Es muy fácil de preparar y estará lista en una hora.



 


Receta


Ingredientes


250 grs de lentejas peladas "amarillas"  
1 litro y 1/2 de caldo de verdura (o pollo)
150 grs de tomate frito
3 gambas grandes por ración
100 grs de pescado blanco por ración
un puñadito de queso de cabra rayado por ración
1 cebolla
1/2 pimiento rojo1 rama de apio
1 zanahoria
1 diente de ajo
Sal y pimienta, (opcional: cayena, comino)
Aceite de oliva.





Preparación

Pon en remojo las lentejas, en agua fría,  durante aproximadamente un par de horas. Mientras tanto puedes preparar el resto de ingredientes: corta en trozos el pimiento, la cebolla, la zanahoria , el ajo y la rama de apio.  
En una olla, calienta aceite de oliva, añádele toda la verdura troceada y rehógala unos minutos a fuego medio. A continuación cubre la verdura con litro y medio de caldo. La calidad del caldo con el que elaboramos esta sopa de lentejas, no influye definitivamente en el resultado final, así que si no tienes a mano un buen caldo casero puedes recurrir a la socorrida "pastilla" o a alguno preparado en brik.

Escurre las lentejas que tenías en remojo y agrégalas a la verdura y el caldo. Has de dejarlo cocer durante 45 minutos aproximadamente a fuego medio.  Una vez discurrido este tiempo, nuestra sopa está casi a punto.


Retírala del fuego y con ayuda de una batidora de mano, tritura todos los ingredientes dentro de la misma olla.  Al estar cocida, la verdura se deshará enseguida, de todas formas te recomiendo que la cueles antes de servir, por si quedase alguna piel de lenteja.

La textura perfecta de la sopa depende de cada comensal, si te gusta más diluida puedes añadir un poco más de caldo, si por el contrario prefieres algo más espeso, parecido a una "crema de lentejas", no tienes más que volver a encender el fuego y dejar que reduzca.

Este es el momento en el que debes salpimentar  la sopa. Si te gusta la cayena, y el comino prueba a añadirle una pizca. Nos queda por preparar es la base del plato, el fondo que cubrirá la sopa, consiste en : tomate frito, gambas y pescado.

Pon un chorrito de aceite de oliva en una sartén y saltea  las gambas, cuando se enfríen pélalas. En ese mismo aceite fríe el pescado cortado en dados.. Puedes elegir la clase de pescado blanco que prefieras:  merluza, cazón, rape, dorada, bacalao etc. Lo único que debes hacer es cortarlo en trozos pequeños , pásalo por harina y fríelo durante unos segundos 

Para servir la sopa: coloca en el fondo del plato un par de cucharadas grandes de tomate frito, una ración generosa de pescado y tres gambas peladas. Vierte la sopa caliente sobre estos ingredientes y espolvorea con queso de cabra rayado o desmenuzado. 

¡Que aproveche!





Sabías que...

Las proteínas de las  lentejas aunque en buena cantidad, son incompletas, puesto que son deficitarias en metionina, un aminoácido esencial. Si embargo, al combinar lentejas con algún cereal, como por ejemplo el arroz que es muy rico en metionina, las proteinas vegetales de la lenteja  se convierten en proteínas de alto valor biológico, equiparable a las que aportan los alimentos de origen animal. 


100 g de lentejas aportan: 
Calorías: 325 (kJ = 1477), Proteínas: 25, Lípidos: 1 - 2,5, Hidratos Carbono: 54, Azúcares: 2, Fibra: 31
Minerales
Hierro: 8,6 mg, Calcio: 60 mg, Magnesio: 80 mg, Potasio: 790 mg, Fósforo: 400 mg
Vitaminas
Vitamina A: 100 U, Vitamina B1: 0,50 mg, Vitamina C: 3 mg











El Romanescu es un híbrido entre brécol y coliflor, del que tenemos constancia en recetarios Italianos del siglo XVI. Su sabor peculiar y la caprichosa forma de sus ramilletes fractales convierten al romanescu en una  joya de temporada que deberías atreverte a probar. Sus aportes de vitamina C y carotenos, son un refuerzo indispensable durante el invierno.
Puedes preparar el romanescu de mil formas, tal y como haría con la coliflor o el brécol, admite todo tipo de  salsas cremosas como la bechamel o las que incorporan queso. Nuestra recomendación es más ligera, para darle tregua al estómago después de los excesos de las fiestas navideñas. Una receta fácil, barata y hecha en un momento. 






Receta


Ingredientes


  • 1 romanescu
  • 1 cebolla morada
  • 2 dientes de ajo
  • 1  cucharada grande de harina
  • 1 vaso de vino blanco para cocinar
  • 1 manojo de perejil
  • aceite de oliva
  • pimienta blanca y sal


Preparación


Separamos el romanescu en pequeños ramilletes, como haríamos con una coliflor. Los tallos son tan tiernos como las copas, si quieres aprovechar todo el sabor no es necesario que los cortes a ras. 
Pon el romanescu en una olla y añádele un vaso de agua. La cocción es muy rápida, si los hierves con mucha agua o durante mucho tiempo perderá su maravilloso color verde y la textura firme que mantiene intacto su sabor y propiedades. De este modo se cocerá al vapor y estará hecho en un momento.

Cuando puedas atravesar el romanescu con la punta de un cuchillo sin tener que ejercer presión, es el momento de retirarlo del fuego. Escúrrelo y déjalo templar mientras preparamos la salsa. ¡¡ Importante !!: reserva el líquido de cocción del romanescu, lo vamos a necesitar dentro de un momento.

Vamos a hacer un sofrito de cebolla y ajo: pon un chorrito de aceite de oliva en una sarten (que sea grande, luego hemos de añadir el romanescu) corta la cebolla morada, pícala en dados pequeños y añádela a la sartén antes de que el aceite esté muy caliente. La tendremos a fuego medio, hasta que comience a volverse transparente, entonces incorpórale un par de dientes de ajo machacados, o cortados en láminas.

A continuación agrega el vino blanco y el perejil bien picado. Dale un par de vueltas y añade un vaso del líquido de coción del romanescu. En este punto es donde debes probar la salsa, para rectificar la sal, después has de incorporar la harina.

La forma de incorporar harina a un líquido caliente, sin que se hagan grumos,  siempre es la misma: pon la cucharada de harina en un vaso, échale un chorrito de agua fría y remuévelo con energía ( y un tenedor). Cuando ya se haya deshecho no tienes más que añadir la harina desleída a la sarten, para espesar LIGERAMENTE la salsa.

Ahora, incorpora el romanescu que habíamos reservado, y con movimientos envolventes mézclalo con la salsa verde, vuelve a rectificar el punto de sal (el romanescu es algo dulzón) y sale un toque de pimienta blanca . En un par de minutos los sabores se habrán integrado y podrás disfrutar de esta extraordinaria verdura de invierno.

Si quieres mantener el nivel calórico o no consumes proteinas animales, la receta está lista ;) de lo contrario puedes añadirle, como toque final, unos trocitos de jamón serrano.




Sabías que ...

La temporada idónea para el consumo del romanescu abarca los meses de frío: de noviembre a marzo. Puedes incorporarla a tu dieta hipocalórica porque solo tiene 25 calorías cada 100 gramos.
Esta es su composición en detalle.


90 %Agua
4,80 %Hidratos de carbono
2 %Fibra
395 mgPotasio
104 mg.Vitamina A
72 mg.Magnesio
67 mg.Vitamina C




Llega el calor y nuestras despensas se trasladan al frigorífico: comida improvisada , verduras, jugosas frutas de temporada, alimentos más ligeros y desenfadados. Te sugerimos que pruebes esta ensalada de queso fresco, un plato que te entrará por los ojos y se convertirá en uno de tus favoritos del verano.

ensaladamoza

 

Receta

Ingredientes

  • 2 bolas de queso Mozzarella (125g aprox cada una)
  • 1 pimiento morrón asado
  • 2 tomates
  • 1/2 lata de anchoas
  • 50g jamón serrano cortado en tacos
  • aceite de oliva
  • sal
  • orégano
  • (al gusto) vinagre de Módena, balsámico o reducción de Pedro Ximenez

 

Preparación

 

Asa el pimiento en el horno. Recuerda que si le echas un chorrito de aceite por encima, después la piel se desprenderá casi por si sola. Una vez esté asado y frío, córtalo en tiras.

El atractivo visual de esta ensalada es que tenga aspecto rústico, los colores y las distintas texturas que aportan los ingredientes invitan a mezclarlos de forma anárquica. Coloca primero el queso Mozzarella. En lugar de cortar porciones con un cuchillo, rómpelo con los dedos. Verás como las fibras del queso se rompen con facilidad y le dan un aspecto absolutamente apetecible. Añádele un par de tomates cortados en rodajas gruesas o en forma de dado.

Sobre la Mozzarella y los tomates, pon las tiras de pimiento y unos filetes de anchoa. Antes de sazonar, deja caer una lluvia de diminutos tacos de jamón serrano encima de la ensalada y para terminar añádele un buen chorro de aceite de oliva, el vinagre que hayas elegido, un pellizco de orégano y sal al gusto. Sírvela como entrante o como cena ligera. Éxito asegurado.

 

Sabías que…

El queso mozzarella es un tipo de queso originario de Italia. Existe una variante  en Dinamarca, pero la tradición italiana es más antigua. La Mozzarella es originaria de  Aversa (Caserta). La denominación de origen con protección europea es la Mozzarella di Bufala Campana, se produce en las provincias de Caserta y Salerno y en algunos municipios de las provincias de Nápoles, Benevento, Latina y Foggia con leche de búfala. En la misma Italia y en otros países, como España, se preparan mozzarellas con leche de vaca.

La cebolla es una de las primeras plantas que los seres humanos aprendimos a cultivar. Su sabor y características particulares le confieren un carácter único que nos hace apreciar este humilde vegetal en todas sus formas. Consumida en todo el mundo, hoy te sugerimos una receta fácil y ligera. Una variante de los clásicos aros de cebolla, con un rebozado delicioso  que te apetecerá a todas horas

Receta


Ingredientes


  • Una cebolla tierna de buen tamaño, o dos más pequeñas
  • 1 huevo
  • Pan rayado (muy fino)
  • Aceite de girasol o de oliva


Preparación


Cortamos las cebollas tiernas con una mandolina, o a cuchillo de modo que los aros sean finos y regulares.
A continuación, ponemos abundante aceite en una sartén y lo calentamos a fuego medio.
Batimos el huevo y preparamos los aros antes de sumergirlos en el aceite:
primero los pasamos por el huevo, luego por el pan rayado y a continuación los freímos.


Ten en cuenta que si el aceite está demasiado caliente se te quemarán, así que no te despistes porque están perfectos en cuestión de segundos. El sabor suave de la cebolla fresca, el apetitoso color dorado y la textura crujiente del pan hacen de estos aros una delicia de la que no te cansarás. ¡Pruébalo!

Sabías que…


El poeta Miguel Hernández escribió las “Nanas de la cebolla” cuando, encarcelado durante la Guerra Civil española por pertenecer al bando republicano,  recibió una carta de su mujer, Josefina Manresa, en la que le contaba la grave situación que atravesaban ella y su recién nacido hijo Manuel Miguel. Josefina le contó a su esposo  que solo comían “pan y cebolla” a lo que Miguel Hernández  respondió:

"Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros o desesperarme..."


Nanas de la Cebolla”

  (fragmento)

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre. […]